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Cómo vencer la pereza y empezar a hacer las cosas

· 9 min de lectura

Un perezoso cuelga de un árbol y sonríe satisfecho con los ojos cerrados
Foto: David Gomez en Unsplash

A la pereza se la regaña mucho, pero antes conviene entenderla. Por qué al cerebro le encanta el sofá, en qué se diferencia la pereza del cansancio y de la apatía, y cómo negociar con ella en lugar de declararle la guerra.

A la pereza la llaman madre de todos los vicios, pero también motor del progreso: la aspiradora robot, la comida a domicilio y las compras por internet existen para no tener que levantarse del sofá. Eso sí, cuando por su culpa el trabajo final lleva una semana parado, el progreso, curiosamente, no se mueve.

En España se le dice pereza; en México, también flojera. Y la pregunta es la misma a los dos lados del océano: cómo quitar la flojera y ponerse en marcha. La respuesta empieza por no declararle la guerra. Basta con entenderla, y a partir de ahí empieza a trabajar a tu favor.

Qué es la pereza de verdad

La pereza es no querer gastar energía cuando, en teoría, energía no falta. Y no es un defecto de carácter, sino un modo de ahorro que todo el mundo trae de fábrica.

Ya en 1943, el psicólogo estadounidense Clark Hull describió la «ley del menor esfuerzo»: de dos caminos hacia la misma meta, elegimos el que exige menos. Durante mucho tiempo se pensó que eso valía solo para el esfuerzo físico. En 2010, psicólogos de Princeton hicieron seis experimentos y mostraron que con el esfuerzo mental pasa lo mismo: la gente elegía una y otra vez la opción en la que había que pensar menos. O sea, la pereza mental no es un defecto de unos pocos, sino una tendencia de todos.

Hasta las hormigas, símbolo del trabajo duro, tienen sus holgazanas. Biólogos de la Universidad de Arizona descubrieron que, en las colonias de hormigas del género Temnothorax, cerca del 40% de las obreras pasa la mayor parte del tiempo sin hacer nada. Y cuando los investigadores retiraron la quinta parte más activa de la colonia, en más o menos una semana su lugar lo ocuparon precisamente las holgazanas. Su pereza resultó ser una reserva para tiempos de vacas flacas.

Así que la pereza no es el enemigo. El problema es que también ahorra energía en lo que de verdad hay que hacer. Y no es lo mismo que la procrastinación: cuando pospones algo, sí tienes ganas de hacerlo, pero más tarde.

Pereza, cansancio o apatía

Por fuera se ven iguales: una persona acostada en el sofá sin hacer nada. Por dentro son tres historias distintas, y cada una pide una solución diferente.

PerezaCansancioApatía
Cómo se sienteno quieres gastar energía en esta tareaquieres, pero no tienes fuerzasno tienes ganas de nada
Cuándo se pasacuando empiezas la tareadespués de dormir y descansarpuede durar semanas
Qué ayudafacilitar el comienzodescansarentender la causa, a menudo con un médico

Si descansar no ayuda y no quieres hacer nada, ni siquiera lo que antes te gustaba, ya no es pereza. La apatía puede ser señal de depresión, y el cansancio constante, de un problema de salud, como la falta de hierro o un trastorno de la tiroides. Si dura dos semanas o más, ve al médico. Y si aparecen pensamientos de hacerte daño, en España, llama al 024 (gratuito y las 24 horas) o al 112 si es una emergencia; en México, a la Línea de la Vida, 800 911 2000 (gratuita, las 24 horas), o al 911; en otros países, busca la línea de ayuda de tu país.

Por qué vence la pereza

  • El esfuerzo es ahora y el beneficio, después. El sofá da gusto al instante, y el trabajo final entregado, algún día. Al elegir, ese «algún día» pesa poco.
  • No sabes por dónde empezar. El cerebro no evalúa la tarea entera, solo el primer paso. Si el paso es borroso, parece enorme.
  • La tarea no parece tener sentido. Ahorrar energía en lo que no importa es bastante razonable. A veces la pereza te dice, con toda sinceridad, que eso se puede dejar sin hacer.
  • Detrás de la pereza hay miedo. Muchas veces, lo que llamamos pereza es miedo a que el resultado salga mal. Eso ya es terreno de la procrastinación, y para ella hay nueve formas de dejar de posponer las cosas.

Cómo vencer la pereza: 7 formas

1. Haz que empezar sea más fácil que dejarlo

Si la pereza elige el camino más fácil, haz que el camino que necesitas sea el fácil. La ropa de deporte junto a la puerta, el libro abierto en la página que toca, el archivo del informe como primera ventana en la pantalla. Cada paso de más hasta la tarea es una excusa para cambiar de idea; cada paso que quitas, una pequeña victoria sobre el sofá.

Y al revés: las tentaciones, lejos. Si el teléfono se queda en el cuarto de al lado, para mirarlo tendrás que levantarte, y levantarse da pereza. Es uno de esos raros casos en que la pereza juega en tu equipo.

2. Pacta solo cinco minutos

Dite: «cinco minutos y luego puedo dejarlo». Muchas veces, pasados los cinco minutos, ya no quieres parar: lo difícil es empezar, seguir cuesta menos. De hecho, la motivación suele aparecer después del primer paso, no antes.

3. Haz la tarea más pequeña

«Ordenar la casa» es un proyecto; «despejar una mesa», una tarea de diez minutos. La pereza acepta lo pequeño con mucha más facilidad. Ve recortando la tarea hasta que el primer trozo casi dé risa.

4. Quita lo que se puede no hacer

La pereza sí puede ser motor del progreso si le haces la pregunta correcta: ¿de verdad hace falta esto? Algunas tareas se pueden borrar; otras, delegar; otras, dejar en automático: el pago automático de los recibos en lugar de pagarlos a mano cada mes, una tarea que se repite sola en lugar de tener que acordarte cada vez. Cuanto menos sobre en la lista, menos excusas para la pereza con lo importante.

5. Añade algo agradable

Lo aburrido cuesta menos al lado de lo agradable: tu serie favorita solo mientras planchas, tu música favorita solo mientras limpias. Los investigadores lo llaman temptation bundling, algo así como un premio pegado a la obligación, y se ha puesto a prueba en experimentos, aunque no promete milagros.

6. Ponle precio a la pereza

Cuando posponer no cuesta nada, la pereza vence sin pelear. Si dejar una tarea sin hacer te va a salir caro, el sofá tiene competencia. Así funciona StarDo: al anotar una tarea, puedes respaldarla con una promesa en Telegram Stars. Si la haces antes del plazo, las estrellas siguen siendo tuyas; si la dejas pasar, te toca pagar lo prometido. Y como detrás de cada estrella hay dinero, la pereza de pronto sale cara. Cuánto prometer para que empuje y no asuste se resuelve con unas pocas reglas sencillas.

7. Descansa de verdad

Muchas veces, lo que llamamos pereza es falta de descanso de verdad: la noche se fue en las redes sociales y la energía no volvió. El descanso que recarga es otra cosa: dormir, caminar, ver a gente, hacer algo con las manos. Y si duermes seis horas por noche, la pereza vendrá cada día, y tu carácter no tiene nada que ver: la falta de sueño se come la atención sin que lo notes.

Cómo vencer la pereza para estudiar, trabajar o limpiar

  • Pereza para estudiar. No empieces por «aprender el tema», sino por una pregunta sobre él que puedas responder sin el libro. Hacerte preguntas deja más huella que releer, y empezar por una pregunta es más fácil que por un capítulo entero.
  • Trabajo. Decide cómo se ve el «terminado» de la primera hora: «un esquema del informe en cinco puntos», no «trabajar en el informe». Lo más pesado va en esa primera hora, mientras la cabeza está fresca.
  • Ejercicio. Ponte la ropa de deporte y pacta diez minutos. Con la ropa puesta, medio entrenamiento ya está hecho.
  • Limpieza. Temporizador de 15 minutos y una sola zona: la mesa, un cajón, una estantería. Cuando suene, puedes parar con la conciencia tranquila.

Preguntas frecuentes

¿Es verdad que la gente perezosa es más inteligente?

No. La idea salió de un estudio pequeño de 2016: las personas a las que les gusta pensar se movían menos entre semana. La prensa lo convirtió en «los perezosos son más inteligentes», aunque los autores nunca dijeron nada parecido.

¿Cómo salir de la pereza y el desánimo?

Primero hay que entender qué está pasando. Si lo que falta son ganas de una tarea concreta, ayudan las formas de arriba. Si pereza y desánimo se extienden a todo y duran ya mucho tiempo, eso es asunto de un médico, no de la fuerza de voluntad.

¿La pereza es mala?

No. Es ahorro de energía: sin ella nos agotaríamos con tonterías. El problema empieza cuando decide por ti qué importa. No se trata de vencer la pereza para siempre, sino de llegar a un acuerdo con ella sobre lo esencial.

La pereza no se va a ir a ninguna parte, y no hace falta. Que ahorre fuerzas en lo que no importa, y para lo importante te sobrarán.

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