Falta de motivación: cómo encontrarla de verdad
De dónde sale la motivación, por qué no sirve de nada esperarla, cuándo ayuda el dinero y por qué una multa a veces lo empeora todo. Con estudios, no con citas inspiradoras.
Por la mañana había un plan: salir a correr, terminar el informe y, por fin, llamar al banco. A la hora de comer ya está claro que hoy la motivación no va a venir. La esperamos como a un repartidor: «entrega entre las 9:00 y las 21:00», el teléfono en la mano, y por la noche llega el aviso: «Entrega reprogramada para mañana».
La buena noticia es que no hace falta esperarla. La motivación tiene varias fuentes, y casi todas se pueden encender a mano. Una de ellas es el dinero, y con él la historia es más interesante de lo que parece.
De dónde viene la falta de motivación
Cuando no tienes ganas de nada, la causa suele ser una de estas:
- La tarea es demasiado grande o difusa. Nadie tiene ganas de «preparar el examen», pero «repasar el primer tema» ya se puede soportar: un primer paso diminuto baja mucho la resistencia.
- No se ve el resultado. Cuando el esfuerzo parece caer en saco roto, las ganas son lo primero que se va.
- La meta no es tuya. Si la tarea le importa a otra persona y a ti no, tendrás que convencerte cada vez, desde cero.
- No pasa nada si no lo haces. Posponerlo hoy sale gratis, y hacerlo cuesta esfuerzo. La elección es obvia, y no favorece a la tarea.
- No te queda energía. A veces, detrás de la falta de motivación hay cansancio y nada más. Si llevas tres semanas durmiendo cinco horas, ninguna técnica funcionará hasta que recuperes el sueño. Para distinguir el cansancio de la pereza y de la apatía, hay una comparación lado a lado.
Una señal de alarma merece párrafo propio. Si llevas semanas sin ganas de absolutamente nada, ya no disfrutas ni de lo que antes te gustaba y el sueño o el apetito han cambiado, puede ser depresión, y ahí no ayuda la motivación, sino un médico. Y si aparecen pensamientos de hacerte daño, no esperes: en España, llama al 024 (gratuito y las 24 horas) o al 112 si es una emergencia; en México, a la Línea de la Vida, 800 911 2000 (gratuita, las 24 horas), o al 911; en otros países, busca la línea de ayuda de tu país.
Motivación intrínseca y extrínseca: diferencia y ejemplos
La motivación es lo que te hace empezar algo y no dejarlo a medias. Se suele dividir en dos tipos.
La motivación intrínseca aparece cuando la actividad vale por sí misma: es interesante, agradable, importante. Así se lee una novela favorita o se arma un LEGO, sin necesidad de ninguna recompensa.
La motivación extrínseca aparece cuando haces algo por un motivo de fuera: una buena calificación, un sueldo, un elogio o no meterte en problemas. Así se hace la declaración de impuestos. Nadie la presenta por amor, y aun así, año tras año, se presenta.
Los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan, autores de la teoría de la autodeterminación, sostienen que la motivación intrínseca se apoya en tres pilares: libertad para elegir, la sensación de que algo se te da bien y el vínculo con otras personas. Si cae uno, el interés se apaga incluso por lo que más te gusta.
Aquí no hay motivación mala. La intrínseca es más agradable; la extrínseca, más fiable donde no hay interés ni lo va a haber. Los problemas empiezan cuando se confunden.
La motivación llega después de empezar
La trampa más grande es esperar que primero lleguen las ganas y luego la acción. Suele ser al revés: primero cinco minutos de trabajo, luego las ganas de seguir. Por eso, la mejor respuesta a la pregunta de cómo motivarse suena rara: empezar sin motivación.
Teresa Amabile, profesora de la Harvard Business School, y el investigador Steven Kramer reunieron casi 12 mil entradas de diario de 238 empleados de siete empresas: cada noche, esas personas describían su jornada. Lo que más levantaba el ánimo y la motivación no era una bonificación ni un elogio del jefe, sino la sensación de avanzar en un trabajo que les parecía importante. Bastaba con un paso pequeño. Y los peores días solían ser aquellos en los que el trabajo se quedaba estancado.
De ahí salen dos lecciones prácticas. La primera: empezar por un paso que sin duda te va a salir, como en la regla de empezar un hábito con una versión tan pequeña que da vergüenza no hacerla. La segunda: hacer visible el progreso. Una línea tachada, una marca en el registro de hábitos, una estrella en el cielo: no son adornos, son combustible.
Una frase motivacional en el fondo de pantalla del teléfono queda bonita, pero no da el primer paso por ti.
Cuando el dinero mata el interés
En 1971, Edward Deci hizo un experimento sencillo con estudiantes universitarios y un rompecabezas. A unos les pagaba por cada figura armada; a otros, no. Después, el experimentador salía de la sala con una excusa, y ahí empezaba lo interesante: quienes habían cobrado dedicaban al rompecabezas menos tiempo libre que los demás. Lo que era diversión se había vuelto trabajo, y nadie trabaja gratis porque sí.
Más tarde, Deci y sus colegas reunieron 128 experimentos y lo confirmaron: una recompensa esperada reduce el interés por una actividad que ya gustaba. En cambio, en las tareas aburridas la recompensa no lo reducía: no había interés que perder.
La conclusión es sencilla: no te pagues por lo que te gusta. Si dibujas por placer, no lo conviertas en un plan de «tres dibujos a la semana o multa».
Cuándo funcionan los incentivos económicos
El mayor metaanálisis sobre el tema reunió 183 estudios de 40 años, con más de 200 mil participantes. El veredicto fue una tregua: la motivación intrínseca predice mejor la calidad del trabajo, y los incentivos externos, la cantidad. Dicho de otro modo, el interés ayuda a hacerlo bien, y el incentivo, a hacerlo sin más.
Todo se vuelve más interesante cuando el dinero no se recibe, sino que se puede perder. Los economistas Roland Fryer, Steven Levitt, John List y Sally Sadoff hicieron un experimento en escuelas de Chicago Heights, al sur de Chicago. Una parte de los profesores podía recibir una bonificación a final de curso si sus alumnos mejoraban. A la otra le dieron la misma bonificación al principio, con la condición de devolverla si no había mejora. Los resultados en matemáticas subieron de forma clara solo en el segundo grupo. La bonificación de siempre apenas cambió nada, aunque la cantidad era la misma.
Por qué perder pesa más es algo que los economistas todavía discuten. Durante mucho tiempo se dio por hecho que perder algo se siente aproximadamente el doble de fuerte que recibir algo del mismo valor, pero un reanálisis reciente pone en duda esa cifra. En los experimentos de campo, como el de las escuelas, el efecto se ve sin necesidad de zanjar la discusión.
Con el tabaco pasa algo parecido. En un ensayo de 2015 con 2538 participantes, a unos se les ofreció una recompensa por dejar de fumar, y a otros, poner primero 150 dólares de su bolsillo, que perderían si volvían a fumar. La recompensa la aceptó el 90%; poner dinero, solo el 14%. Pero quienes se animaron a poner dinero aguantaron mucho mejor: seis meses después, no fumaba el 52% de ellos, frente al 17% de quienes recibían la recompensa. Parte de la diferencia se explica por quién acepta un trato así: la gente con más determinación. Aun así, la lección sirve: un pacto contigo funciona para quien se atreve a hacerlo.
Por qué una multa a veces solo estorba
También hay un ejemplo al revés, y conviene conocerlo. En 1998, los economistas Uri Gneezy y Aldo Rustichini pusieron una multa por retraso en seis guarderías de Haifa, en Israel: 10 séqueles, la moneda israelí, si las familias recogían a los niños con más de 10 minutos de retraso. Los retrasos no bajaron, subieron: en promedio, de unos 8 a unos 18 por semana en cada guardería. Y cuando se quitó la multa, se quedaron en el nuevo nivel.
La explicación está en el título de su artículo: «A Fine Is a Price», «una multa es un precio». Antes, llegar tarde suponía un momento incómodo con el personal de la guardería. La multa lo convirtió en un servicio: pagas diez séqueles y la conciencia queda tranquila.
Qué significa esto para un pacto contigo:
- La cantidad tiene que doler un poco. Si pagar es más fácil que hacer, la promesa se convierte en comprar el derecho a posponer.
- La decisión tiene que ser tuya. La multa de las guarderías se les impuso a las familias. Un pacto contigo lo haces tú, y la cantidad también la eliges tú.
- Además del dinero, cuenta la palabra. Una promesa cumplida no son solo estrellas ahorradas: también es un motivo para respetarte.
La motivación económica en StarDo
StarDo es una lista de tareas dentro de Telegram en la que cada tarea puede llevar una promesa en Telegram Stars. Es la misma motivación económica que tenían los profesores de Chicago Heights: no una recompensa que quizá recibas, sino tus propias estrellas, que tendrás que pagar si la tarea no se hace. Las estrellas se compran con dinero real (qué moneda es esta y cuánto cuesta), así que una promesa así pesa de verdad.
No se cobra nada por adelantado. Si terminas a tiempo, no se mueve ni una estrella, y en Mi cielo, dentro de la app, se enciende una nueva. Si el plazo pasa sin la tarea hecha, hay 48 horas para pagar las estrellas prometidas, y si no se pagan, baja tu puntuación de honestidad. La cantidad, a partir de 5 estrellas, la eliges tú, y aquí sirve la lección de las guarderías de Haifa: elige una que te duela pagar. La suerte no interviene: todo está en tus manos, y el mejor resultado posible es no pagar nada.
Para qué tareas sirve la motivación económica
A juzgar por los estudios de arriba, el dinero ayuda más donde no hay interés ni lo habrá: un informe, la declaración de impuestos, una limpieza a fondo, esa llamada que llevas tres semanas posponiendo, las primeras semanas de ejercicio, antes de que se vuelva costumbre. Para lo que te gusta, la promesa no hace falta, y a veces hasta estorba.
- Promete acciones concretas con plazo: «ordenar los papeles antes del sábado», no «organizarme mejor».
- Empieza con una o dos tareas con promesa a la semana, no con una en cada línea de la lista.
- Si una tarea se te cae una y otra vez, no subas la cantidad: divídela en partes más pequeñas.
Cómo elegir la cantidad y por qué pagar el gimnasio por adelantado no sirve de nada lo explicamos al hablar de los pactos que haces contigo.
Motivación para estudiar
Estudiar es el caso en el que los dos tipos de motivación conviven en el mismo horario: la materia favorita avanza casi sola, y con la que no soportas hay que negociar. De todo lo anterior, esto es lo que funciona:
- Dividir en pasos pequeños. «Estudiar para el examen de admisión» o «para las oposiciones» asusta; «hacer una hoja de ejercicios» o «repasar un tema de historia», no. Cada paso terminado da esa sensación de avance que, en el estudio de Amabile, más levantaba la motivación.
- Ver el progreso. Tacha los temas y los ejercicios que ya terminaste: cuando se ve cuánto queda atrás, cuesta más dejarlo a medias.
- No avergonzarte de la motivación extrínseca. Quizá el interés por esa materia no llegue nunca, y no pasa nada. Una promesa atada a una acción concreta («resolver 10 problemas antes del jueves») no hará que te encante la materia, pero sí que estudies.
- No pagarte por lo que ya disfrutas. Es la lección del rompecabezas de Deci: premiar lo que ya te gusta puede apagar ese interés.
Si las ganas de estudiar desaparecieron hace semanas, junto con las ganas de todo lo demás, el problema ya no es de motivación, y lo que toca es pedir cita con un médico.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago si no tengo ganas de nada?
Elige una tarea de cinco minutos que sin duda te salga, hazla y márcala como hecha. La motivación suele llegar después del primer paso, no antes. Si esto dura semanas y nada te alegra, habla con un médico; y si aparecen pensamientos de hacerte daño, pide ayuda ya: en España, el 024; en México, el 800 911 2000.
¿Qué motivación es mejor, la intrínseca o la extrínseca?
Hacen falta las dos. La intrínseca ayuda a hacer bien lo que te gusta. La extrínseca ayuda a sacar adelante lo que no te gusta, pero hay que hacer. Lo importante es no ponerle dinero a lo que ya disfrutas.
¿Funciona la motivación económica?
Sí, sobre todo en tareas aburridas y cuando el dinero se puede perder en lugar de recibirse. Pero la cantidad tiene que notarse: una multa demasiado pequeña se vive como el precio por no hacer la tarea.
La motivación no hay que encontrarla de una vez para siempre. Basta con que alcance para el primer paso; después, el progreso tira de ti. Y para las tareas en las que nada ayuda, está la promesa que te daría pena romper.
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